ESPECIAL Nora y La Montaña



NORA Y LA MONTAÑA

Después de esta experiencia me dije “Con esta me caso”

Corrían los 90 y la quien en ese entonces era mi novia y hoy mi hermosa esposa Nora, me dice ¿ porqué no nos vamos de aventura al sur?
Yo ya conocía la zona, y la verdad es que no estaba muy seguro si ella podría soportar la mochila al hombro y los avatares que trae el vivir la naturaleza a pleno.
De alguna manera y sin proponérmelo la había iniciado en mi mundo, llevándola a pequeños y cortos campamentos.
Para hacerla corta les cuento que primero pasamos unos días maravillosos en San Carlos de Bariloche a orillas del Lago Gutiérrez , cuando este era un paraíso con zona de acampada libre. Hoy es un sitio al que tienes que pagar si quierés pasar, como tantos otros de nuestro querido país.
A los pocos días le comento de la picada que asciende bordeando el arroyo rumbo al refugio Frey. ( ya había andado yo por ahí y sabía que no involucraba demasiada dificultad).
Se muestra entusiasmada y entre mates, torta fritas y risas armamos nuestras pequeñas mochilas con todo lo necesario.
En ese entonces no contaba con un gran equipo y cocinábamos a leña. Previendo que en el ascenso pasaríamos la línea de árboles donde solo encuentras rocas, tuve que hacer un atado de leña que administrábamos en un pequeño fuego.
Es un camino relativamente sin mucha dificultad si uno se lo toma con calma. He Ascendido y descendido en el mismo día, pero esta vez iba con una pata tierna.
Se notaba la inseguridad en los pasos de Nora y el resoplido de su poca actividad física. Así que tras detenernos muchas veces a descansar; en el tiempo que normalmente me llevaría subir, solo habíamos llegado a la mitad. Al refugio seminatural Piedritas. Es una gran roca que se usó como techo y se le armó una cabaña de troncos muy pequeña, donde un viajero al que le tome una tormenta por sorpresa puede guarecerse.
No  había ningún apuro. Estábamos para disfrutar y eso hacíamos. Armamos  la carpa y por la noche cayó agua nieve mientras sentados junto al fuego comíamos pochochos que hacíamos en una marmita de La Armada.
Al día siguiente continuamos el ascenso y veíamos bajar a Andinistas ensangrentados y raspados con una montaña de kilos en herrajes de escalada a sus espaldas. Lo que mas les envidiaba en ese entonces eran sus calentadores M.C.R. mientras yo seguía transportando mi atado de maderas.
Al llegar al Frey está el refugio de piedras junto al Lago Frey. A solo 1700 Mts.S.N.M . y por la mañana y la tarde suelen andar unos patos dando vueltas y por la noche los roedores visitan al acampante desprevenido que no sabe como guardar sus alimentos.
Descubrí carpas abandonadas cuyos dueños las dejan toda la semana y vuelven los fines de semana para no tener que transportarlas.
Luego de unos hermosos días de reposo queríamos mas aventura y se nos ocurrió averiguar si era posible hacer una picada que una El Frey con el San Martín, otro refugio al que todos accedían por un fácil camino desde Colonia Suiza. Nosotros no queríamos hacer eso, intentaríamos hacerlo montaña de por medio.
No tuve mejor idea que preguntarle a los que se suponen que saben y así fue que encaré al joven y nervudo refugiero del Frey. Este me cobró un peso un mapa que me dibujó a pulso con lápiz y papel y cuando yo le pregunté cuanto podría demorarnos el trayecto; advirtiéndole que iba con una mujer, este soltó una risotada y me espetó: “Porteño: si vos y tu chica no hacen el camino en 5 o 6 horas sos un verdadero boludo”
¿Está marcado el sendero? Le preunté
Mmmm.. Son marcas muy viejas y despintadas, pero si estás atento tenés que llegar.
Y así fue que con apenas unos mates y unas torta fritas en la panza salimos a las diez de la mañana encaminándonos para arriba, para arriba y para arriba. Ya no habíaárboles, solo piedra y hielo.
Llegamos a otro lago de deshielo , el Smoll que alimenta al Frey y este a su vez al Gutiérrez de donde partimos.
Mas arriba había que atravesar un manchón muy inclinado de hielo donde cualquier movimiento en falso haría dar nuestros huesos contra las piedras del lago Smoll que ya veíamos desde arriba.
Pasamos un sitio al que llaman La Cancha y nos detuvimos sin aliento en un hermoso mirador. Estábamos sobre las nubes mirando como desde un avión el Lago Nahuel Huapi. Sencillamente había valido la pena tanto esfuerzo. Mientras me relajaba pensaba en que un tobillo fracturado aún en verano podía hacer agarrar una hipotermia a cualquiera que se vea atrapado allí arriba a merced de los elementos.
Habíamos transitado siempre solos y al mirar atrás y abajo veíamos como diminutas moscas unos puntitos que seguían nuestros pasos.
El mapa no había sido de gran ayuda, si en cambio algunas marcas en la piedra que se hacían muy difíciles de descubrir.
No tardaron en llegar estos que antes mirábamos y se sacaron fotos, bromearon y comenzaron a descender hacia el Valle de Rucaco.
Los perdimos de vista porque llevaban mejor ritmo que nosotros.
A partir de aquí comenzó un verdadero calvario. Para descender a ese valle verde y hermoso( desde arriba parecía pasto de una cancha de golf, mas tarde sabría que era un hermoso bosque con cohíhues de mas de 30 metros de altura) transitamos por un pedrero inclinadísimo. La menor pisada hacía que las lajas se deslicen bajo nuestros pies con un gran peligro de caída al vacío. Yo había descubierto que si me movía rápido, las lajas no eran problema. El problema era que Nora estaba paralizada por el pánico y solo accedía a abanzar un pié, solo si yo consentía en  no soltarla de la mano y que su pié se apoye sobre el mío.(único lugar seguro)
Horas, horas y horas transcurrieron mientras apretaba mis dientes,  pues la mochila realmente me estaba aniquilando. Pero no era el lugar mas indicado para mostrar mis debilidades.
Se la veía muy extenuada a Nora, pero alrededor de las 5 de la tarde llegamos al bosque donde ya no sufrían nuestras rodillas con el descenso.
Cuando vi. un arroyo con agua, leña por doquier y un hermoso bosque yo le propuse a Nora acampar antes que caiga el sol y seguir mas descansados al día siguiente.
¡¡¡¡Hay mi Dios!!!!¿ Por qué no hice caso a mi instinto en ese momento? Y a mi cansancio.
Resulta que en el bosque tirados contra un árbol muy mal trechos nos encontramos con los chicos que nos habían pasado allá arriba.
Algunos de ellos presentaban ampollas en los pies que curé con la ayuda de mi botiquín.
Nacho y Gabriel, los mas fuertes y emprendedores arrastraron sin miramientos en esa aventura a Diego, el mas ampollado, a Ariel y a su novia Anabella. Esta última era profesora de Educación Física.
Una vez todos curados y repuestos, la miro a Nora  a quien la compañía la había animado sobremanera inyectándole un entusiasmo inusitado y le digo que acampemos ya que es tarde.
Los jóvenes y fuertes Nacho y Gabriel me insistían en que no debía faltar mucho.
¿Conocen el camino?¿Lo han transitado antes? Pregunté.
No, pero a juzgar de lo andado no ha de faltar tanto me dijeron.
No, Nora; descansemos…
¡
PERO VOS SIEMPRE EL MISMO HERMITAÑO!

Allí tomé una muy mala decisión.
Cansado, dolorido y de muy mal humor hice punta en la marcha dejando a una buena distancia a Nora y los otros cinco aventureros.
Arriba, arriba…una pierna, luego la otra, si, si debe ser pasando esa piedra me dije. Ya debo estar llegando.
Las sombras se agigantaban y un viento helado me sacaba todo mi calor. Hacía tiempo que trepaba y dejamos el seguro valle bien lejos.
Cuando traspaso la piedra una enorme desolación me llenó primero los ojos y luego mi interior.
Estaba en una meseta gris y pedregosa y sobre mi cabeza había otro filo de montaña que superar con mucho hielo y la única referencia que me aseguraba que hasta el momento no había errado era una cruz  que se veía diminuta hecha con dos enormes palos y un trapo en su punta que flameaba.
Era lo único que había dibujado el puñetero refugiero y había podido reconocer.
Mientras aguardaba al resto pensaba por qué no hice caso a mi interior y me quedé en el valle un día mas.
La trepada era casi vertical y si a Nora no la hubiésemos ayudado entre varios, jamás habría llegado a la cruz.
Miro el sol bajo, extinguiéndose y el reloj marca las veintiún horas. Todos apiñados en un frío filo de montaña alrededor de una desolada cruz sin la mas puta idea de hacia donde seguir.
Me adelanto tres mágicos pasos y miro hacia abajo en un valle un lago que a la vista se me presentaba tan pequeño como la uña de mi pulgar.
Agudizo la vista y ¡SORPRESA! Veo una pequeña columna de humo que mana entre el verde y el espejo del lago. Más no distingo nada mas, pero intuyo que puede ser el refugio.
Comunico mi hallazgo y rápidamente comienzamos a bajar otro pedrero de los difíciles. Nacho y Gabriel demostraron poca solidaridad para con sus amigos y se alejaron a toda marcha dejándome con Diego que a estas alturas nos dimos cuenta que a esa hora y sin sus anteojos era casi ciego, Ariel y Anabella que de pronto fue víctima de un ataque de nervios y se largó a llorar y a gritar diciendo que ya no podía mas.
La miré serio a Nora porque de reojo vi que lagrimeaba y le susurré que ni se le ocurra ser victima de esa histeria porque era capaz de dejarla allí mismo(era un dulce ¿no? Qué Hde P!!!) Se ve que sirvió la advertencia.
Anabella dejó su enorme mochila y su novio hizo lo mismo y los vimos alejarse con los últimos minutos de luz sin ningún equipo.
Nora ya no tenía fuerzas en sus piernas y Diego se perdió en la oscuridad.
Quedé solo con Nora que ya no caminaba y arrastraba su culo por todo el pedregal.
Mi amor… Hacé un último esfuerzo…levántate…
No puedo, no puedo.
Veía como se le desgarraban los pantalones y la mochila de arrastrarla.
Si solo pudiese llegar a un lugar plano donde armar la carpa…
Tras al menos una hora de avanzar como una babosa estábamos en zona inclinada pero al menos con arbustos a nuestro alrededor. De pronto en el medio de la nada, en el lugar mas inhóspito y rodeado de la mas completa oscuridad, retumba una voz de trueno.
Una luz cegadora de una linterna frontal me impide ver el rostro. Pero si veo dibujada una ENOOOOOORME silueta cuya voz truena y dice:
¡Buenas Noches!
Soy el refugiero del San Martín y siempre oteo el horizonte buscando a algún boludo que se pierde.
¿Podés levantarte? Le dice a Nora. Y esta, cual resorte  se pone de una pieza envidiando yo a aquel tipo que logró en un sant y amén lo que yo hacía horas no podía.
Dame tu mochila le dice el héroe  y dame tu mano.
La siguiente escena se me ocurría cómica. Veía a un enorme mastodonte extraño, de la mano de mi chica, llevándole su mochila y caminando entre las piedras como quien lo hace sobre una alfombra mientras yo atrás tropezaba y me arañaba con todo a mi paso.
Nos llevó a un claro donde aguardaban los otros cinco chicos a quienes les había ordenado que esperen.
Falta una media hora dijo y se me hizo eterna. Entre los árboles y vadeando un arroyo llegamos Al San Martín a las veintitrés horas.
TRECE HORAS DE MARCHA DE MONTAÑA y me acordaba de las palabras del refugiero del Frey.
¡Qué imbécil! Fue un gran riesgo innecesario.
En el refugio estaban de pura joda. Guitarra y mate corrían en su interior. Nuestro ánimo no se recuperaba. Cuando vi. la cara de nuestro salvador de voz de trueno, me alegré mucho de no haberlo visto cuando se presentó.
Era un monstruo como el ogro Shrek. Me enteraría mas tarde por él,  que vivía seis meses embarcado en alta mar y seis meses en el refugio. Tosco y bruto era una bestia al comer. Tomaba su sopa del plato sin cuchara y se limpiaba la jeta con el revés de su manga.
Inspiraba terror pero nos salvó.
Los días que sucedieron pude disfrutar de ese hermoso paisaje, la montaña reflejada en el lago durante el día y las estrellas como en un hoyo en  el piso por las noches.
Parecía una escena sacada de los libros de Tolkins.
Nora me preocupó mucho porque durmió catorce horas sin parar. Me acercaba de vez en vez para ver si respiraba. Había llegado a su límite y yo sentí músculos doloridos de los cuales ni enterado estaba de su existencia.
Mas tarde al ver mapas topográficos de lo que habíamos transitado, no lo podía creer.
Ni siquiera una peregrinación a Luján se le acerca lo mas mínimo en esfuerzo físico.

Quedó una amistad con Ariel y Anabella quienes se casaron y fueron a vvir a Rosario y tuvieron una hija mientras yo ya estaba seguro que esa morocha toda desalineada, quien mas tarde perdería las uñas por usar calzado inadecuado en esa travesía sería la madre de mis hijos.
Anduvimos por muchos sitios mas ese verano. Seguimos a dedo hasta Chubut, pero de esto nunca me olvidaré.
Pues mi mujer tiene hoy en día una fortaleza interior que me recuerda a esa muchacha que fue en la montaña.

Acá les dejo unas imágenes de los sitios que menciono. Pero son fotos de la red, puesto que mis fotos al ser antiguas están en papel y no tengo scaner para copiarlas. Pero los sitios son los mismos.
Aquí acampamos los prieros días junto al Lago Gutierrez en Villa Coihue 


Acampamos a orillas de este arroyo que desemboca en el lago

Caminando siempre río arriba por senderos así


Llegamos al refugio Piedritas 

Pasamos la noche en la carpa, no en el refugio y al otro día llegamos al Lago y refugio Frey
Ven esos picos?Esos y otros mas debíamos cruzar.

Días después salimos para arriba y pasamos por otro lago. El Schmoll que según el ángulo de esta foto. El que la sacó debió estar parado sobre un corredor de hielo y nieve igual que nosotros.

O sea que Nora y yo estábamos caminando sobre la mancha blanca que se ve entre los piés del autor de esta fotografía

Luego de pasar Por un lugar llamado La cancha llegamos al filo y debimos descender el pedrero hacia abajoen el Valle de Rukako

En este mismo sitio comenzamos el descenso al valle.

La vista era maravillosa, pero el peligro de las piedras sueltas era bravo. Esto es lo que cuento cuando hablo de una alfombra verde que terminó siendo enormes árboles.También se veía desde allí arriba el Lago Nahuel Huapi, pero no encontré una foto que se parezca a las mías.



Yo quería acampar aquí. En el fondo del valle, pero como ya les conté. Volvimos a trepar por otra ladera empinada


Pasamos una pared enorme de hielo y a las 21 horas estába viendo desde arriba este lago igualito a como lo veo ahora

La historia del descenso nocturno ya la saben. Llegamos por fin al Refugio San Martín a las 23 Hs.

Junto al Lago Jacob
Ahí no No hubo fuerzas para armar la carpa y dormimos una noche en el refugio que está junto al lago de la foto de arriba.
Luego de unos Días de feliz descanso bajamos durante horas al camino de ripio que llevaba a Colonia Suiza. Las fotos no son ni una décima parte de la impronta que me quedó en la retina y el corazón.

VIKINGO
LA MUERTE ESTÁ TAN SEGURA DE VENCER,
QUE NOS DA TODA UNA VIDA DE VENTAJA.


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